Adiós a Marta García, la artista, la amiga

Con su muerte física el Ballet Nacional pierde a uno de sus más brillantes miembros históricos y la danza escénica cubana  a una de sus representantes más genuinas y brillantes

Marta García, una de las más prestigiosas figuras del Ballet Nacional de Cuba y de la escuela cubana de ballet, falleció en horas de la madrugada del pasado domingo 29, en la ciudad de Madrid, víctima de una cruel enfermedad, contra la que luchó estoicamente durante varios años.

Nacida en Guanabacoa, tierra de ilustres artistas, y dominada por una irrefrenable vocación, obtuvo allí los primeros reconocimientos en el difícil arte de la danza, cuando con solo tres años de edad, el 17 de noviembre de 1952, acaparó la atención de todos con su triunfo en la Corte Suprema del Arte, popular certamen de artistas aficionados que por aquella época hacía extensiva sus actividades al Teatro Ensueño de su localidad natal. Se iniciaba así un camino de triunfos por el que transitaría hasta el final de su vida.

En 1954, obtuvo una de las becas gratuitas que, a pesar de su penuria económica, ofrecía la Academia de Ballet Alicia Alonso a niños pobres, pero con facultades para la danza. Allí estuvo Marta García, poniéndole senda al talento, disciplina al ímpetu, control al músculo, cauce al sentimiento, hasta finales de 1956, en que la tiranía batistiana cercenó la escasa ayuda oficial que permitía vivir a la Academia y a la compañía del ballet cubano. Su talento natural, apenas esculpido, le permitió triunfar en duras contiendas, hasta convertirse en la máxima estrella infantil de la televisión cubana y brillar, junto a las más célebres artistas de la época, en espectáculos donde maravilló por su talento al bailar y doblar los más grandes éxitos de la música popular española.

En 1959 una alborada de esperanza la sorprende en su batalla por encontrar un lugar seguro para su afición en aquella sociedad hostil y excluyente. En 1961, la «estrellita» mimada, la reina infantil de la televisión cubana, que acaparaba publicidades, lauros y altos salarios, no vaciló en tomar la sabia decisión de abdicar su endeble trono y cambiarlo por un modesto uniforme de alumna de la Escuela Provincial de Ballet de La Habana. Allí, bajo la guía de las profesoras Ana Leontieva y Eugenia Klemétskaya, avanzó por un sendero seguro, hasta graduarse en 1965 en la primera promoción de la Escuela, año en que pasa a formar parte del elenco del Ballet Nacional, bajo la guía de Alicia y Fernando Alonso, conjunto donde en 1974 alcanzó el rango de Primera bailarina, el que mantuvo hasta su retiro de la escena como intérprete en el 2000.

Como miembro del Ballet Nacional colaboró en la génesis del Ballet de Camagüey, realizó numerosas giras por Europa, Asia y América, y se hizo acreedora de importantes galardones, que la convirtieron en una de las bailarinas cubanas más laureadas internacionalmente.

Fue artista invitada de importantes compañías y eventos de la danza internacional como el Ballet del Teatro de la Ópera de Budapest; el Ballet de Bellas Artes de México; la Gala de Estrellas de Montecarlo; y el Festival Internacional de Ballet de Trujillo, Perú.

Técnicamente virtuosa, sobre todo en la esfera de los giros, sumó también a su valía una amplia ductilidad estilística y una exquisita sensibilidad artística, en la que sobresalió su gran poderío dramático. Su galería de inolvidables personajes incluyen éxitos tales como Días que fueron Noches, Bach x 11 = 4x A, Cecilia Val­dés, Odile, El cisne negro; Swanilda, Kitri, la princesa Aurora, y muy especialmente el de La novia, en Bodas de Sangre, de Antonio Gades.

Durante años Marta García, de forma paralela a su labor interpretativa, se desem­peñó como ensayadora y maître del Ballet Nacional de Cuba y a partir de 1988 desarrolló también una valiosa labor como coreógrafa.

Entre el 2001 y el 2004 se desempeñó exitosamente como directora del prestigioso Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Ai­res y posteriormente realizó un valioso trabajo con importantes instituciones dan­zarias de España, que incluyeron el Ballet de Carmen Roche, el Centro de Enseñanza Artística Scaena, el Instituto de Danza Alicia Alonso y el Joven Ballet de Cámara de Madrid.

En el 2014 publicó su libro autobiográfico Danzar mi Vida, en el cual dejó testimonio de su lealtad al arte, a la amistad y a los grandes valores éticos y estéticos que caracterizaron su órbita estelar por los escenarios de Cuba y el mundo.

Con su muerte física el Ballet Nacional pierde a uno de sus más brillantes miembros históricos y la danza escénica cubana  a una de sus representantes más genuinas y brillantes.

 

Miguel Cabrera

Historiador del Ballet Nacional de Cuba

 

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