Aniversario 74 del debut de Alicia Alonso en Giselle (1943–2017)

Dentro del repertorio del Ballet Nacional de Cuba, Giselle posee una significativa importancia, no sólo en lo que concierne a su propia historia, sino también porque con esta obra y con Alicia Alonso, su excepcional intérprete, Cuba trasciende por primera vez en el ámbito internacional de la danza.

La famosa sustitución de Alicia Márkova por Alicia Alonso en Giselle, se produjo durante la temporada del Ballet Theatre de Nueva York, el 2 de noviembre de 1943. Con la bailarina cubana se inició un nuevo orden de valores para la obra que «representa el compendio y la apoteosis de la danza de toda una época». En esta extensa etapa, en la que Alicia Alonso ha singularizado muchos personajes, por la coherencia entre la ejecución del carácter interpretativo y la técnica, ella ha elevado Giselle sobre el largo trayecto que ha recorrido la obra, resumiendo generaciones completas de bailarinas desde que la Grisi la estrenara, y aportándole nuevos perfiles a la coreografía, al estilo y a la acción dramática.

El concepto de su puesta en escena elude ciertos indicios de mixtificación en que se han regodeado los ballets románticos, hasta donde el argumento y el estilo lo han permitido. La concisa narración, ligada al diseño de los bailables y a su situación dentro de la obra, traza una parábola entre los dos actos y logra una manifiesta homogeneidad estilística, equilibrio dramático y coreográfico, uniformidad no alcanzada en todas las puestas de este ballet y que ha contribuido a que la versión del Ballet Nacional de Cuba se proclame como la más lograda de cuantas se encuentran en el repertorio internacional. La versión coreográfica y la interpretación personal del ballet Giselle, por Alicia Alonso, recibieron en 1966 el Grand Prix de la Ville de Paris; y en 1972, fue incorporada esa misma versión a la Ópera de París.

El estreno mundial del ballet Giselle se efectuó el 28 de junio de 1841, en la Opera de París, con Carlotta Grisi en el papel de Giselle, Lucien Petipa en el de Albrecht, Adèle Dumilâtre en el de Myrtha. La escenografía fue diseñada por Pierre Ciceri, los trajes por Paul Lormier.

El gran poeta lírico alemán Heinrich Heine, que recogió la leyenda popular en la que se inspiró el ballet Giselle, fue una figura de relevancia cultural y política en su tiempo, y reflejó en su obra no pocas muestras de la imaginación y la creatividad popular. Uno de sus libros recoge las leyendas de los llamados «espíritus elementales», las cuales han conservado durante siglos la tradición oral en campos y aldeas de la Europa central. Estos relatos recreados por Heine inspiraron al poeta francés Théophile Gautier el tema para un ballet: Giselle o Las Wilis, que desde entonces integra el acervo de la cultura danzaria universal.