Carmen… hoy

Cada vez que nos llega la Carmen, de Alberto Alonso, acerca ese «olor» a obra fresca, acabada de crear, a pesar de sus 50 años cumplidos. Es sin duda la pieza cumbre del coreógrafo, y tiene, además, el mérito indiscutible de haber huido del folclorismo barato, y haberle dado el vuelo externo de una manera contemporánea. Es subyugante por muchas aristas: la concepción tan actual de matizar la danza, los diseños originales de escenografía y vestuario, la música excepcional de Rodion Schedrin sobre la original de George Bizet, pero faltaría añadir algo que también la hace imperecedera: el aporte de Alicia al personaje, porque dejó huellas muy profundas en el recuerdo de quienes la pudimos disfrutar.

Pero el tiempo ha pasado, y las nuevas generaciones acercan nuevas personalidades que, siguiendo su camino, reconstruyen el emblemático personaje de la novela de Merimée. La temporada del clásico de la mano del Ballet Nacional de Cuba, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, dejó grabado un buen recuerdo en sus dos primeras semanas, al que se sumaron otras piezas que la acompañan: Umbral y A la luz de tus canciones, coreografías de Alicia Alonso. Fueron funciones plagadas de ovaciones, buenas actuaciones y de jóvenes que se acomodan, poco a poco, en el firmamento danzario cubano a fuerza de baile y tesón, junto a los ya consagrados.

No valen aquí las comparaciones. Cada uno entregó lo mejor de sí, que se puede mejorar. Por supuesto, es algo inherente al trabajo artístico, pero el resultado de lo visto en estas primeras jornadas alienta, aun y cuando haya tela por donde cortar, detalles y actuaciones que delinear, todo ello, teniendo en cuenta las dificultades danzarias que el coreógrafo sembró hace 50 años en la obra.

Sadaise Arencibia vistiendo el protagónico de la gitana Carmen, demostró ante todas las cosas ser una artista. Con una línea hermosa en grado superlativo, técnica, un estudio cuidadoso, y deseos de darlo todo bordó el difícil rol de principio a fin, sorteando para ello toda una gama de recursos expresivos, realzados por sus condiciones físicas naturales.

Mientras, en la segunda jornada, Anette Delgado la construyó desde adentro, más audaz en unas oportunidades, reservada y cautelosa en otras, tejió su personaje con sumo cuidado estético, para regalar una excelente actuación.

Viengsay Valdés, como siempre, apareció con la fuerza telúrica característica y la pasión a flor de piel, desbordando la escena con su carisma. Y es que este protagónico, como en ningún otro trabajo de Alberto Alonso, exige mucho de la rigurosa técnica de la bailarina, y fundamentalmente el dominio de su capacidad expresiva. Cada gesto puede traducir un sentimiento de diversa índole: de sensualidad, pasión, alegría, tristeza, indiferencia… Y ella lo logró, paseándolos con creces por la escena con seguridad.

Por su parte, la juvenil Gretel Morejón, abriendo la segunda semana convenció con su Carmen a un público que la aplaudió largamente. Cuánta sutileza, desdoblamiento, audacia, gestualidad…, pero, sobre todo, seguridad para enfrentarlo. Sin duda regaló un personaje que fue creciendo en la función, para dejarnos al final, complacidos con lo visto.

TALENTOS SOBRE LA ESCENA

Las novedades de las Carmen estuvieron en los debuts de diversos bailarines, en distintos papeles. Entre las notas altas de las funciones debe destacarse, en primer lugar el Zúñiga aportado por Ariel Martínez, que queda como un alto instante de esta reposición del clásico, cuidando cada movimiento hasta el último detalle. Mientras que su diestro Escamillo, iluminó las tablas. Con una fuerza vital demostró que tiene madera para empeños mayores. La labor de pareja fue de alto nivel, y sobre todo sorteó con desenfado diversos matices en el diálogo con Carmen. Algo que adoleció, por momentos, el mismo personaje en la piel de Patricio Revé, quien interpretativamente pudo dar mucho más, aunque técnicamente estuvo muy preciso y volvió a salir airoso en su prueba.

El también juvenil Adrián Sánchez sorprendió favorablemente a todos los presentes con la exquisitez que abordó el difícil rol de Don José, realizando, cual un consagrado, una encomiable labor, tanto técnica como interpretativamente, y también el Zúñiga, constituyendo, para todos, otra favorable sorpresa en estas puestas. Mientras que el Zúñiga de Adniel Reyes vivió en la escena con personalidad y elegancia, siendo preciso en cada movimiento. Interpretativamente lo tiñó con la fuerza que llega de un muy joven bailarín que tiene el histrionismo corriendo en las venas.

Muy bien podría catalogarse la selección de los personajes para esta puesta, pues, Rafael Quenedit, fue también elegante en Don José, así como Patricio Revé, quien puso todo de sí.

En la segunda semana Daniel Rittoles, como Escamillo (bailó con mucha fuerza), y Luis Fernández contornearon un Zúñiga correcto, dejando en claro que el relevo está asegurado. Lo que no quiere decir que comienza ahora una etapa, para todos estos jóvenes, de estudio, mejoramiento y perfección de cada rol.

La excelente bailarina principal Ginet Moncho, exhibió sus dotes en el Destino. Plena de estilo, ella está dentro de los parámetros marcados para el simbólico personaje.

Entre las debutantes Claudia García volvió a dejar en claro que es una bailarina de talento que poco a poco va alcanzando el firmamento, así como la novel Bárbara Fabelo, con su impecable quehacer escénico. Glenda García, una artista de técnica y buenas condiciones, en la primera semana no logró brillar del todo en el personaje, pero el 13 se observó mucho más compenetrada.

Del cuerpo de baile masculino  es menester comentar que después de una primera jornada exenta de homogeneidad, tuvieron un desempeño que fue en ascenso para irse adaptando, con sumo cuidado, mientras que las cuatro mujeres lograron un bastante buen desempeño, en general, sobresaliendo, el trabajo de las consagradas Aymara Vasallo/Ivis Díaz, y las más juveniles Bárbara Fabelo/Chanell Cabrera. Es necesario destacar el especial colorido que aportó en estas jornadas la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro dirigida por el maestro Giovanni Duarte.

OTRAS OBRAS ESCOLTARON A CARMEN

Otras dos piezas firmadas por Alicia Alonso llenaron las jornadas: Umbral y A la luz de tus canciones. En la primera, estrenada hacia el año 2000, Alicia rinde homenaje a uno de sus maestros: George Balanchine. Aunque en las primeras funciones el cuerpo de baile tuvo altas y bajas, en cuanto a la homogeneidad en el baile y el sentido de la distancia entre las bailarinas. Muy bien estuvo la joven directora asistente, Idalgel Marquetti, al frente de la Orquesta Sinfónica.

Mientras que en A la luz de tus canciones, un homenaje a Esther Borja, jóvenes intérpretes matizaron con sus movimientos esta pequeña joya coreográfica, que regala nostalgia a nuestros recuerdos. Un bien pensado programa que seguirá en cartelera este fin de semana, en ocasión del Festival de Teatro de La Habana.