HOMENAJE A ALICIA ALONSO EN LA FERIA DEL LIBRO
Presentación de los libros El lago de los cisnes y Cascanueces por la Editorial Gente Nueva
Importantes obras del reportorio activo del Ballet Nacional de Cuba subirán a escena en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional —el viernes 15 y sábado 16, 8:30 pm. y domingo 17 de febrero, 5:00 pm.— en la segunda semana de la temporada de la compañía que dirige Alicia Alonso, en su nueva sede temporal.
El próximo viernes 15 de febrero, a las 8:30 pm., tendrá lugar una gala dedicada a la 22. Feria Internacional del Libro de La Habana, en la cual la Editorial Gente Nueva rendirá homenaje a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, al otorgarle en un acto solemne la Distinción a la Humildad «Dora Alonso».
Además, la Editorial Gente Nueva, previo al inicio de la función realizará, en el vestíbulo de la Sala Avellaneda, la presentación y venta de dos libros destinados a los niños, El lago de los cisnes, versión literaria de Enrique Pérez Díaz, y El cascanueces, versión de Alejandro Dumas, cuidadosamente ilustrados por Jorge Zequeira. Esta acción se convierte en la primera de un vasto programa previsto por la Editorial para divulgar entre niños y jóvenes los clásicos del ballet.
Esa noche se podrá disfrutar de los ballets La siesta de un fauno (Coreografía: Vaslav Nijinski, inspirada en el poema homónimo de Stéphane Mallarmé. Música: Claudio Debussy [Prélude à l´après-midi d´un faune]. Diseños: Salvador Fernández, sobre los originales de Léon Bakst), Espartaco [Dúo de amor] (Coreografía: Azari Plisetski. Música: Aram Jachaturián. Diseños: Salvador Fernández), Interludio en el limbo (Coreografía: Carlos I. Santos. Música: Wolfgang Amadeus Mozart. Vestuario: Salvador Fernández), El cisne negro [pas de deux del tercer acto de El lago de los cisnes]. (Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Marius Petipa. Música: Piotr Ilich Chaikovski. Vestuario: Julio Castaño), Flora (Coreografía: Gustavo Herrera. Música: Sergio Vitier. Escenografía: Ricardo Reymena. Vestuario: Julio Castaño) e Impromptu Lecuona (Coreografía: Alicia Alonso. Música: Ernesto Lecuona. Luces: Ruddy Artiles).
En las funciones del sábado 16, a las 8:30 pm., y el domingo 17 de febrero, a las 5:00 pm., se podrán apreciar las obras La siesta de un fauno, Aguas primaverales (Coreografía: Asaf Messerer. Música: Serguei Rachmáninov. Vestuario: Salvador Fernández), Double bounce (Coreografía: Peter Quanz. Música: David Lang. Vestuario: Anne Armit), Interludio en el limbo, El corsario [Pas de deux] (Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Marius Petipa. Música: Riccardo Drigo. Vestuario: Salvador Fernández), Diana y Acteon [pas de deux] (Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de A. Vagánova. Música: Riccardo Drigo. Vestuario: Salvador Fernández), Flora e Impromptu Lecuona.
Los roles protagonistas estarán a cargo de Viengsay Valdés, Anette Delgado, Yanela Piñera, Sadaise Arencibia, Verónica Corveas, Jessie Domínguez, Grettel Morejón, Dani Hernández, José Losada, Camilo Ramos, Víctor Estévez y Leandro Pérez, secundados por solistas el cuerpo de baile.
Las entradas para estas funciones se pondrán a la venta en el Teatro Nacional, así como se mantendrá la venta en el Gran Teatro de La Habana en los horarios habituales de sus taquillas.













Nueva sede y nuevas promociones: comentario muy personal acerca de las ultimas presentaciones del Ballet Nacional
El Ballet Nacional de Cuba (BNC) se presentó por segunda ocasión en su nueva sede, la sala Avellaneda del Teatro Nacional. La sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, anteriormente sede permanente de la compañía, ha cerrado sus puertas, pues será sometida a restauración capital.
Para esta ocasión se organizaron tres funciones (de viernes a domingo), que incluían la centenaria obra “La siesta de un fauno”; sólo en la función del viernes 15, gala dedicada a la vigésimo segunda Feria Internacional del Libro, el dúo de amor de amor del ballet “Espartaco”; sólo en la función del sábado 16, el pas de deux “Aguas primaverales”, obra de concierto coreografiada por Asaf Messerer sobre una música de Rachmáninov; sólo en la función del domingo 17, el pas de deux “Double Bounce”, del coreógrafo canadiense Peter Quantz; la obra “Interludio en el limbo”, con música de Mozart; sólo en la función de viernes 15, el pas de deux “El cisne negro”, del tercer acto de “El lago de los cisnes”; sólo en la función del sábado 16, el pas de deux del ballet “Le Corsaire”, una coreografía de Alicia Alonso sobre la original, con música de Ricardo Drigo; sólo en la función del domingo 17, el pas de deux “Diana y Acteón”, que recuenta una versión del mito griego; y las obras “Flora”, del coreógrafo cubano Gustavo Herrera, con música de Sergio Vitier, e “Impromptu Lecuona”, de Alicia Alonso, con música del compositor cubano referido en el nombre de la obra.
En “La siesta de un fauno”, coreografiada por el bailarín ruso Vaslav Nijinski sobre el “Prélude a l’après-midi d’un faune”, del compositor francés Claude Debussy, el lujurioso fauno cautiva en la esmerada interpretación del solista Alejandro Silva, quien está dotado de una imagen muy varonil desde la que trabaja muy finamente la caracterización de su personaje. La corifeo Mayrel Martínez lo acompañó como la ninfa.
La primera bailarina Yanela Piñera se lució con gran maestría, junto al bailarín principal Camilo Ramos, en el dúo de amor del ballet “Espartaco”, coreografía del bailarín ruso Azari Plisetski y música del compositor soviético de origen armenio Aram Jachaturián. Camilo, un bailarín que ha ido ganando méritos, se destaca en cada aparición junto a Yanela. Si bien no pudo lucirse al máximo en las cargadas a la bailarina, que en esta pieza demandan mucha estabilidad, se destacó por su trabajo muy limpio, al que ya nos tiene acostumbrado, y más aún cuando baila con Yanela.
No existe la función en que Yanela no fascine a su público (con sus fieles admiradores y asiduos seguidores no se forma, por suerte, una bandada de balletómanos, porque ellos sí aman la danza y al danzarín). Sin saberlo ni proponérselo, Yanela posee una belleza despiadada y baila con una elegancia soberbia. De una fuerza y resistencia desmedidas, con el solo propósito de brindar la más bella ejecución, se pone al servicio de una técnica severamente impecable. Sin embargo, el clímax de aquella fascinación (lejana en este texto por muy poco de lo que se pudiera decir de Yanela resumido en inexpertas palabras llenas de pasión por la danza y por la sencillez) no lo encuentras sino al ver moverse por sobre el escenario una piernas que dibujan, cada vez con más precisión, la música con el movimiento, ante brazos que no dejan de trasmitir la grandeza de lo simple, y tras una sonrisa sincera. Su “Tema y variaciones” la pasada semana, su reina de las Nieves y su Hada Garapiñada de “Cascanueces” en enero, su pas de deux de “Don Quijote” en la gala por el noventa aniversario de la FEU en diciembre en el Karl Marx, su Odette/Odile en el festival de ballet, por sólo mencionar sus apariciones más recientes, lo demuestran.
En la obra “Interludio en el limbo”, coreografía de Carlos I. Santos y música del compositor austriaco Wolfgang Amedeus Mozart, se nos trasmite toda la serenidad de la pieza musical, y son precisamente los bailarines, sin tener que lucir una ejecución compleja y precisa, los que logran la obra desde sus movimientos diáfanos, apoyados por un juego de luces que resalta cada momento especial dentro de la partitura.
Al primer bailarín Dani Hernández le tocó acompañar a Viengsay Valdés en “El cisne negro”. Esta primera bailarina siempre nos ofrece una fascinante caracterización de Odile. Ya estamos acostumbrados a sus precisas ejecuciones, y no nos queda más que esperar, mientras disfrutamos de su perversa interpretación, el nuevo virtuosismo. Esta vez sólo satisfizo a medias las expectativas del público, que siempre espera sus giros múltiples en las codas, y un desplazamiento extenso por todo el escenario en los saltos en arabesque. Ahora sólo impresionó con sus prolongados balances, y varias piruetas después que la coda de fouettes de Odile había comenzado. Dani es un bailarín elegante, baila con mucha inspiración, pero hay ocasiones que pierde la estabilidad, en los saltos, caídas y giros. Es muy positivo su esmerado trabajo como partenaire, siempre muy al tanto de hacer lucir a su compañera, con sus admirables cargadas, giros asistidos.
La obra de concierto “Aguas primaverales”, coreografiada por Asaf Messerer sobre una música de Rachmáninov, la interpretaron la primera bailarina Sadaise Arencibia y el solista (antes corifeo) Luis Valle. Es un pas de deux muy corto, de un virtuosismo logrado esencialmente a partir del trabajo del partenaire, quien apoya a la bailarina constantemente en sus poses, saltos, giros, y cargadas. Sadaise descuidó algunas líneas, puesto que la música tiene momentos que demandan mucha rapidez y agilidad, pero no lució menos enérgica. Además, el trabajo de Luis Valle fue potencial, y ambos brillaron llenos de vida, ante un público enardecido.
El pas de deux del ballet “El corsario”, en versión de Alicia Alonso sobre la coreografía de Marius Petipá, fue interpretado por los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández, su habitual partenaire. Anette cautivó al público desde su salida, luciendo un fino traje con adornos dorados y una tiara de picos que la hacían lucir tan bella como una deidad salida del océano. Un bello adagio en que lució sus bellas líneas, de la forma más discreta y con mucha seguridad. Sin embargo, se notó en su variación, que no está atacando en el salto como ella acostumbra. Dani no puede mostrarse tan fuerte, pero va ganando en estabilidad. En la coda ambos se lucieron, sobre todo Anette, quien está atancado muchísimo en el fouette, veloz y punzante, combinando a la seconde y con giros múltiples, y cerrando con varios giros en dehors sin salir de su eje. Sin embargo, le falta mucha coordinación en los finales de las codas, sobre todo para las poses, muy adelantadas a la música.
Los primeros bailarines Viengsay Valdés y Dani Hernández se unieron nuevamente, para bailar “Double Bounce”, un entretenido pas de deux del corógrafo canadiense Peter Quantz, que estrenaran en el pasado festival de ballet. Todo el tiempo Viengsay lució incluso más brillante y perspicaz que en anteriores presentaciones de esta obra. Dani, por el contrario, merecía disfrutar más bailar al ritmo divertido y atrayente de la música.
Los primeros bailarines Anette Delgado y José Losada (antes bailarín principal) interpretaron el grandioso pas de deux “Diana y Acteón”. Un adagio casi perfecto, en que Losada supo mantenerse al ritmo que demanda el apoyo constante a la bailarina. Este pas de deux es divertido, virtuoso, de una música bella, y sirvió para que ambos se lucieran todo el tiempo. Losada estuvo deslumbrante, atacando todo el tiempo en los saltos del cazador, combinando diferentes poses en el aire, y con giros encentrados y lentos. Anette estuvo brillantísima, cuidando sobre todos la precisión de las líneas y con cierta estabilidad en los giros y el ataque. En la coda no se pudo esperar menos de ambos.
Sin embargo, cayendo en algunos detalles un tanto triviales, pero que suponen una culminación estética dentro de este magnífico pas de deux, considero que en esta coda, Anette, quien estuvo sumamente virtuosa, con el apoyo de Losada, no debería atacar tanto en el giro, pues la combinación de piruetas es rápida debido a la velocidad con que bate la pierna en los fouettes, y sólo se define cuando la diosa de la caza toma la flecha de su carcaj. El gesto de colocarla, tensar el arco y lanzarla se ve opacado por el rápido cambio de brazos que tiene que hacer para continuar con los fouettes. Igualmente es una pas de deux que pone al público eufórico, por los diversos giros asistidos a la bailarina, quien va deslizando su passé a coup de pied para ganar en velocidad, aún cuando perdieron un tanto el eje de giro, y se notaba a la vista la falta de continuidad entre un giro asistido y el otro. Había que coordinar mejor el eje, y la rotación a la bailarina teniendo en cuanta la velocidad de su giro. La misma falta de coordinación en los finales hizo que Anette cayera mal orientada, luego de que Losada la soltara después de sus últimos giros asistidos, para que quedara girando a passé.
Flora nos llegó con interpretaciones diferentes a las que vimos en la gala de las Artes Plásticas durante el Festival. En la primera función, quien interpretó a la Flora Verde (probablemente la solista Regina Hernández) mostró mucha falta de estabilidad y soltura para los giros. La bailarina principal Gréttel Morejón (antes primera solista) interpretó la Flora Amarilla; pudo haber aprovechado mucho más la caracterización tan rica de este personaje, pero estuvo a la altura que merecía, trabajando muy finamente sus manos y su torso. La bailarina principal Verónica Corveas, histriónica, desenvuelta, como la Flora Naranja, muy folclórica, pero le faltó un poco de precisión en los giros. La Flora Roja fue la primera solista Lissi Báez, que no ofreció una caracterización como la merece el personaje; supo aprovechar muy bien su magnífico eje para lucirse en los giros, pero su ataque no es tan fuerte. Las primeras bailarina Sadaise Arencibia y Anette Delgado interpretaron las Floras Violeta y Azul, respectivamente. La solista Ginett Moncho (antes corifeo) fue la Flora Blanca. Sadaise nos ofrece una bella, y muy fina, caracterización de su Flora. Tan convincente, tan austera, tanta estabilidad en las puntas, todo el tiempo. Por otra parte, lo que hace lucir a Anette es por mucho su ejecución, porque su caracterización, desvaída como tal vez le vaya bien al personaje, no luce muy real en la faceta en que se muestra sufrida.
En la segunda función, la corifeo Carolina García encarnó la Flora Violeta; recordando su caracterización de Taglioni en “Le papillon”, sabíamos que su caracterización de esta Flora estaría dotada de mucha sensibilidad y fineza, pero falta de cierta elegante altanería. La primera solista Aymara Vasallo personificó tan magistralmente la Flora Azul; definitivamente ella posee una candidez inmensurable, y una gran sensibilidad para representar personajes de un profundo sentir. La primera bailarina Yanela Piñera representó la Flora Verde; este personaje le queda tan bello, pues Yanela baila con tanta fuerza y precisión, además de atacar constantemente en el giro. A la solista Analucía Prado no le fue bien en el personaje de la Flora Naranja; constantemente falta de eje, sin ninguna precisión ni fuerza en las puntas, y con una caracterización bastante enfocada, pero poco convincente. La primera bailarina Viengsay Valdés se destacó una vez más con un personaje de fuerza y temperamento, la Flora Roja, que ella sabe defender con mucha seguridad. La primera solista Dayesi Torriente nos interpretó a una Flora Blanca, muy inspirada, con una caracterización desbordada de una suavidad constante; sin embargo, debe trabajar más sobre el maquillaje, porque su bello rostro en escena no la favorece ni siquiera en estos personajes tan puros y sutiles.
La última función trajo, como la Flora Violeta, a Gabriela Lugo (cuerpo de baile), en quien se debió trabajar más el maquillaje y la postura, si bien su caracterización fue apreciable. La bailarina que interpretó la Flora Verde defendió el personaje con mucha seguridad, aunque su caracterización, por mucho, fue muy sobria. La Flora Roja fue la primera solista Dayesi Torriente, quien no posee las dotes histriónicas necesarias para este personaje, y sin desaprovechar sus giros, podemos decir que no son muy efectivos en este ballet. Yiliam Pacheco bailó una Flora Blanca con una caracterización muy espontánea, pero su desempeño no fue el mejor, pues le faltaba mucha seguridad y estabilidad todo el tiempo.
La última pieza del programa fue la obra “Impromptu Lecuona”. La primera solista Dayesi Torriente tuvo a su cargo el rol central la primera noche. El resto de las funciones estuvo a cargo de la bailarina principal Verónica Corveas. La interpretación de la primera no se ajusta con el estilo de la obra, pues le falta poder interpretativo y fuerza técnica. En el caso de la segunda, ya nos tiene acostumbrados a su poder interpretativo, y más para este estilo, con un aire español y lleno de sensualidad.
A diferencia del programa de la semana anterior, este programa se caracterizó por la diversidad de estilos y de obras. El virtuosismo causó sensación, sobre todo el los pas de deux, aunque no fueron del todo inteligentemente trabajados. Se notaba que algunas caracterizaciones necesitaban mejor preparación y estudio, y que algunos roles que no se ajustaron a la imagen y personalidad de muchos intérpretes. Esperemos que para las próximas presentaciones en la sala Avellaneda los programas tan variados como este tengan un elenco tan merecedor como variado. Igualmente agradecemos a nuestros artistas y al Ballet por realizar su más sincero esfuerzo por seguir ofreciendo al publico de la capital grandiosas oportunidades de estar en contacto con las obras del repertorio tradicional y de los más diversos estilos.
Lo felicito Sr. Rogelio Castro, ojalá los críticos cubanos de ballet escribieran como usted lo ha hecho, con tantos conocimientos y cultura danzaría, no obstante, no le puedo mentir, como todo balletómano tengo mi gran preferida, que en este caso es Anette Delgado, sinceramente ella me encanta, pero esto es por simple elección personal, pues considero que dentro del Ballet nacional de Cuba todas sus primeras bailarinas son maravillosas, incluyendo a su última adquisición, me refiero a Amaya Rodríguez, asimismo, acabó de presenciar a Sadaise Arencibia bailando una Muerte de Cisne fuera de serie. Con el pas de deux La Bella y La Bestia, bailado por la espléndida Yanela piñera, tuve la impresión que el público no respondió como ella merecía, es muy complicado coreográficamente, repleto de pasos dificilísimos que Yanela dominó sin la menor dificultad, del mismo modo, opinó, que quizás está demasiado cargada la coreografía apabullando visualmente al auditorio sin darnos tiempo a apreciar el enorme virtuosismo de dicha obra. Con Diana y Acteón quede fascinado, tanto con Losada como con la divina Anette. Viengsay muy segura en su Cisne Negro, sobre todo en la parte interpretativa, algo que jamás le falla. El Corsario muy refinado, y efectivamente tanto Delgado como Hernández se veían preciosos.
Le reitero mi felicitación.
Considero que Rogelio Castro no ha sido nada justo con Anette Delgado y José Losada, pero bueno, para gusto se han hecho los sabores y para escoger las flores. Yo vi “Diana y Acteón, en todo momento ambos estuvieron espectaculares, de hecho, enloquecieron al público que deliro en aplausos, como nadie lo había logrado con anterioridad durante toda la nueva temporada en el Teatro Nacional, efectivamente, la coda fue sencillamente soberbia. En el caso del pas de deux “El Corsario” bailado por Anette Y Dani Hernández, sin la menor duda, gran momento de beldad danzaría, acompañado de un perfecto virtuosismo académico, sumándole a esto, grandes proezas técnicas, mucha clase y una belleza sin par ¿En que acaso se puede pedir más?
Mi observación especificamente en relación al pas de deux Espartaco, dúo de amor, (día viernes ) interpretado por los bailarines Yanela y Camilo, opino que evidenció falta de interpretación , aprecio que tuvo una ejecución válida desde lo técnico , aun así , ausente total de una emotividad que inspirara al ultimo espectador de la sala recordando que es un “dúo de amor”.
Flora en escena nuevamente ha sido excelente oportunidad para el público asistente. Observamos el desempeño de bailarinas que están en pleno desarrollo algunas con más o menos madurez sobre las tablas, todas unas profesionales con garantía , vimos el abanico de talentos que posee la compañía, más allá de las primeras bailarinas que estamos acostumbradas a reconocer en la escena ya consagradas. Cada día diferente elenco excelente demostración, independientemente de criterios o no coincidentes, pero sus ensayadores vieron el resultado del trabajo hecho y por hacer ,indudablemente.
El público agradecido.