La impronta de la excelsa Alicia

Este 2018 la compañía que fundó y dirige festeja su aniversario 70

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, presidió el acto de develación de la escultura de la insigne bailarina. Foto: Jose M. Correa

El calendario cultural cubano tiene en la mítica ballerina Alicia Alonso inicio y final. Diciembre fue mes de su cumpleaños —el 21 celebró sus maravillosos 97—, mientras el recién iniciado 2018 abrió con la Gala que el Ballet Nacional de Cuba (BNC) ofrece tradicionalmente cada 1ro. de enero, esta vez con Don Quijote. Este año estará signado, también, por los festejos del aniversario 70 de la compañía que ella fundó y dirige, y que tendrá punto culminante en octubre con el 26to. Festival Internacional de Ballet de La Habana. Esa fecha singular, exactamente el 28 de octubre (primera función del Ballet Alicia Alonso en 1948) es el momento inaugural del Festival que cada dos años convoca la prima ballerina assoluta y despierta formidable interés en el universo de la danza.

El prestigio de su colosal carrera y de la escuela cubana de ballet convierte entonces a la Isla en punto de mira de bailarines, coreógrafos, críticos y público.

Pero tratar de trazar su órbita artística sería tarea abrumadora. Solo dos fechas para intentar visualizar 64 insólitos años sobre las tablas:

Los cronistas reflejan su debut en 1931 en el teatro Auditórium de La Habana en el Gran Vals de La bella durmiente, de Chaikovski, aún como alumna de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical, y sería la propia Alicia quien decidiría cuándo llegaría la última función.

Así lo explicó en una de las atesoradas entrevistas a esta leyenda viva del ballet mundial: «Fue en Italia (en 1995, en el Teatro Massini de la ciudad de Faenza). Bailé Farfalla (su propia coreografía). No quería hacer una despedida dramática o doliente, que el público supiera que era la última vez. Pensaba que era cruel para ambos. Cuando terminé de bailar dije, no bailo más. Nadie lo sabía. ¿Qué mejor que Farfalla, esa mariposa que se va?».

Pero Alicia no ha dejado de bailar, lo hace cada vez que el BNC sale a escena, ya sea en sus temporadas en La Habana, o cuando bailarines cubanos se presentan en otros escenarios (en el 2017 los más altos exponentes de la compañía cumplimentaron 109 actuaciones como estrellas invitadas en Rusia, Estados Unidos, Chile, México, España, Costa Rica, República Dominicana y Perú), o en las giras intencionales (este año por Italia, España, Francia, Costa Rica y El Salvador).

Después que la compañía actuara en la Sala Pleyel, en París, luego de diez años sin visitar la ciudad luz, el crítico Loïc Le Duc, de Dance Magazine, escribió: «…el cuerpo de baile aparece ahora totalmente renovado, el Ballet Nacional de Cuba puede enorgullecerse al presentarnos, siempre y cada vez, jóvenes y prometedores talentos, que preservan un estilo característico, para darnos finalmente una lección de romanticismo coreográfico que los bailarines nos ofrecen con honestidad y brío. […] El público asiste al espectáculo para deleitarse con la técnica de los bailarines, disfrutar la suspensión mágica de los pasos y de los saltos que parecen detenerse, a veces, en pleno vuelo jugando con la ingravidez, desafiando las propias leyes de la gravedad. A las piruetas, a ese virtuosismo vertiginoso que caracterizan la danza viril y un pelín «machista» de los bailarines cubanos, responde, en contraste, el delicado trabajo de los brazos de las jóvenes bailarinas que se agitan como la espuma para luego flotar en el aire sin jamás imponerse.»

A esa impronta en el ballet universal que deja Alicia, quien no necesita patronímico, como diría Miguel Cabrera, historiador del BCN, la excelsa ballerina se apodera de otras artes.

Los más distinguidos poetas le han regalado sus versos. Dulce María Loynaz la percibió «como una luz», Carilda Oliver Labra como «velo, mujer, asombro, golondrina»; Nancy Morejón la ha asociado al misterio y Eliseo Diego la nombró «fiesta de Cuba».

El ensayista cubano Juan Marinello así la entendió: «Alicia Alonso es un ímpetu tenaz, frenético, heroico – disparado contra la enfermedad y contra el tiempo-, hacia la perfección incansable».

Para satisfacción de los miles que la aman, ahora hay un nuevo texto, Alicia, el vuelo de la mariposa, del escritor Julio M. Llanes (Editorial José Martí), presentado en el lobby del Gran Teatro de La Habana.

El libro, entre la biografía y la ficción, se complementa con un anexo fotográfico que registra algunos encuentros significativos en la fecunda trayectoria artístico-profesional de Alicia.

También la fotografía homenajea a la assoluta en su cumpleaños 97 con la muestra A través del lente de Cannatello, del italiano Alfredo Cannatello, expuesta en la sala Carpentier del Gran Teatro de La Habana hasta el 15 de enero.

Cannatello, quien ya realizó un libro dedicado por entero a Alicia, incluyó ahora fotos del Ballet Nacional de Cuba, el Lizt Alfonso Dance Cuba, el Ballet Español de Cuba y la Compañía Irene Rodríguez.

Luego de la inauguración, Cannatello concordó con esta publicación en que para fotografiar ballet hay que conocerlo y como para los artistas del lente lo principal es la luz, ha trabajado digitalmente las 50 fotos, «porque la del teatro no es la mejor y por eso cambio la luz aunque mantengo el movimiento».

La entrada principal del Gran Teatro de La Habana (otra celebración: 180 años) impresiona con sus escaleras de mármol blanco, pero ahora su punto focal será una escultura en bronce de Alicia Alonso, que como se sabe da nombre al coliseo, hecha por José Villa Soberón.

A través de su oficina de prensa, la directora del Ballet Nacional de Cuba expresó: «La compañía cumplirá 70 años este 2018. Miro el pasado, estos 70 años, con un sentimiento muy especial, que no está exento de cierto orgullo por el presente, por lo que hemos conseguido».

Unas brevísimas líneas para intentar lo imposible, saludar y agradecer a la mítica Alicia Alonso.

EL ESPÍRITU DE UNA MUJER EXCEPCIONAL

LA estatua en bronce de Alicia Alonso fue develada el 1ro. de enero con la presencia de la excelsa ballerina y de su escultor, José Villa Soberón.

La sencilla y emotiva ceremonia fue encabezada por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Abel Prieto, ministro de Cultura.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, dijo breves palabras de tributo a quien llamó mujer excepcional, que «llevó en su arte todas las perfecciones posibles».

Calificó de «bellísima» la obra de Villa y reconoció lo difícil de llevar el movimiento al bronce. Recordó que Alicia estuvo en el taller del escultor y tocó y acarició la obra y «así la vio, con la luz del corazón… desde lo más profundo de su alma».

Alicia, tan cubana, llevó el ejercicio de su vocación, con serenidad y aplomo, que sorprende a todos, y al mismo tiempo con una férrea voluntad para dejar una escuela, su suprema creación, que ella moldeó con su figura, destacó Leal.
El Historiador de la Ciudad subrayó la felicidad de asistir a lo que consideró un momento único y excepcional, un reconocimiento del pueblo a la gran dama del ballet, y añadió: Hoy el Gran Teatro de La Habana, que lleva el nombre de Alicia Alonso, se engrandece aún más al emplazarse allí la escultura que la inmortaliza en Giselle.