No hay barreras que el arte no venza: REGRESO DEL BALLET NACIONAL DE CUBA A LOS ESTADOS UNIDOS

Sadaise Arencibia como Kitri

A pesar del retorno de antiguas políticas de guerra fría, el regreso del Ballet Nacional de Cuba a los Estados Unidos, además de un triunfo en sí mismo, demuestra que la cultura y las artes son capaces de vencer obstáculos, incomprensiones y retrocesos: son siempre avance, unión, entendimiento.

Precisamente el debut de la compañía cubana, que celebra el 70º aniversario de su fundación y el 40º de su primera aparición en ese país, acaba de demostrarlo con la presentación del ballet Don Quijote en el teatro Auditorium de Chicago: desbordado de público entusiasta y conocedor, las tres funciones terminaron con ovaciones cerradas y público de pie, que vitoreaba a nuestros bailarines sin que faltaran los clásicos ¡Bravo! y ¡Viva Cuba!

Tania Castroverde, directora de este prestigioso teatro –donde el Ballet Nacional había actuado en 2003– inició las dos primeras actuaciones los días 18 y 19 de mayo con hermosas palabras relativas a lo entrañable de esta vuelta a su escena, sobre todo por haber nacido ella en Cuba y por el prestigio de la compañía.

Para relatar lo ocurrido artísticamente sería imperdonable omitir al muy joven cuerpo de baile, crecido como profesionales experimentados en un escenario como el del Auditorium, donde en esta temporada se presentarán compañías como el American Ballet Theater, el Alvin Ailey American Dance Theater, el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández y el Eifman Ballet de San Petersburgo. Del mismo modo merecen mención destacada los solistas que encarnaron roles secundarios, todos en perfecta armonía con el espectáculo y técnicamente impecables.

Pero siempre habrá que resaltar los intérpretes de los roles de Kitri y Basilio, las caras protagonistas de esta historia venida de la cumbre de la literatura castellana que a partir de la creación de Marius Petipá en Rusia en 1869 y la contagiosa música de Ludwig Minkus ha sido el icono del sabor español en el ballet.

Tres parejas asumieron estos personajes: fulgurante y llena de matices interpretativos, Viengsay Valdés y Patricio Revé abrieron el camino del éxito llenos de bravura, simpatía, derroche de equilibrios y vueltas que desataron verdadera euforia en la audiencia, la Valdés con su habitual maestría reforzada por una actuación desenfadada pero a la vez muy cuidadosa y Revé evidenciando que, pese a la categoría que aún ocupa en la compañía, puede vérsele ya como un verdadero primer bailarín.

La segunda noche fue para Sadaise Arencibia y Raúl Abreu. En una cuerda más lírica, ambos tuvieron otro triunfo, sobre todo en el dúo final, donde ella mostró seguridad y dominio técnico y él aplicó todo su saber en los momentos virtuosos, para arrancar de igual forma más que aplausos, gritos laudatorios.

Raúl Abreu como Basilio

La pareja de despedida, Grettel Morejón y Dani Hernández no desmereció las actuaciones de sus predecesores, sino que reforzaron sus triunfos con otra tarde de leyenda, Grettel en plena posesión del papel y Dani —recién incorporado después de una intervención quirúrgica— mezclando su porte noble con la picardía propia de un barbero cervantino y un despliegue técnico envidiable.

El público sintió la vibra cubana a través de los fandangos y seguidillas, de los aéreos toreros, rio complacido en las pantomimas y se conmovió con el sueño de Don Quijote del acto segundo. La Orquesta Filarmónica de Chicago se sintió en todo su esplendor bajo la batuta del maestro Giovanni Duarte y todo el ambiente respiraba amistad, cariño y respeto a nuestros bailarines, que ya partían para continuar su gira en Tampa y luego cerrar el Festival Artes de Cuba en el Kennedy Center de  Washington y culminar en Saratoga.

Tanto el público del Auditorium en Chicago como el que sin dudas aplaudirá también el Tampa, Washington y Saratoga validará la eficacia del arte, del buen arte, para unir a los pueblos que ineficientes artimañas han querido tener alejados por mezquinos intereses. Nuevamente el Ballet Nacional de Cuba, ese emblema que dirige Alicia Alonso, hará su aporte decisivo y unirá mucho más a norteamericanos y cubanos.

 

Ismael S. Albelo