 Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Lev Ivánov Música: Piotr Ilich Chaikovski Libreto: Sobre el original de Marius Petipa, basado en la versión libre de Alexandre Dumas del cuento El cascanueces y el rey de los ratones , de E. T. A. Hoffmann Diseños: Guido Fiorato Coproducción del Ballet Nacional de Cuba, el Teatro La Fenice, de Venecia, y el Teatro Carlo Felice, de Génova. |
Sobre la presente versión de CASCANUECES de Alicia Alonso, comentado por la coreógrafa
Aunque durante algunos años el Ballet Nacional de Cuba no mantuvo en su repertorio la versión completa del ballet Cascanueces , sí ha sido interpretado con frecuencia, en montajes realizados por mí, fragmentos importantes de la obra, como lo son el grand pas de deux del Hada Garapiñada y su Príncipe, del segundo acto, así como la Escena de las Nieves del primer acto, la Danza Rusa (insertada en el extracto de La bella durmiente del bosque presentado con el título de Las bodas de Aurora ) y el Vals de las Flores. La versión completa que estrené, con la feliz coincidencia del cincuentenario del Ballet Nacional de Cuba, la concebí, en primer lugar, con la mayor fidelidad posible al estilo original de la obra establecido por Ivánov —quien aportó matices propios dentro de la herencia de Petipa— y respeté, además, lo que sin lugar a dudas corresponde al original coreográfico. En cuanto a la dramaturgia, sin vulnerar las convenciones que exigen el estilo y las prácticas teatrales de la época, al igual que con otras obras del siglo XIX he tratado de lograr la síntesis y la lógica escénica que el público de hoy exige, aún en las representaciones más auténticas de esos clásicos. Confiero una gran importancia al grand pas de deux del segundo acto, y en cierta medida lo he tomado como base estilística, o punto de partida, para el montaje de toda la obra. Por ello me parece útil hacer énfasis y establecer algunas precisiones sobre este pas de deux, dado su carácter modélico dentro de la tradición clásica y porque además, felizmente, la versión que presentamos con el Ballet Nacional de Cuba corresponde fielmente al original creado por Ivánov, tanto desde el punto de vista coreográfico como estilístico.
El pas de deux del segundo acto de Cascanueces fue, durante décadas, un número importante en mi repertorio. Lo incluí con frecuencia en conciertos e incluso, hasta hace poco tiempo, continué bailando su bellísimo gran adagio. Por la importancia histórica de este pas de deux dentro del ballet, siempre que lo he trabajado, como intérprete o como maître de ballet, he puesto especial cuidado en la pureza del estilo y el respeto estricto a lo que se conserva de la coreografía ideada por Ivánov. En nuestros días, se pueden ver en escena diferentes versiones, no siempre afortunadas en su concepción coreográfica y en su estilo. Cuando a mediados de la década de los años cuarenta me preparaba para bailar por primera vez este famoso dúo clásico, partí básicamente de la coreografía que entonces interpretaban Alicia Márkova y Anton Dolin. La versión de Márkova era confiable en cuanto a su fidelidad, puesto que esta bailarina centralizó la primera puesta que se hizo de la coreografía de Ivánov fuera del ámbito ruso, realizada en Inglaterra por Nikolai Serguéiev, a principios de la década de los años treinta. Cuando se estrenó Cascanueces en el Teatro Marinski, en 1892, Serguéiev ya era un estudiante de los últimos años en la Escuela Imperial de San Petersburgo. Pasó enseguida a integrar el Ballet de ese Teatro, y allí fue, por muchos años, maestro de ballet y regisseur general. Siempre tuvo gran prestigio en cuanto a su celo en el cuidado de la tradición clásica, de la cual era un profundo conocedor, y se dice que llegó a Londres con anotaciones coreográficas de una decena de ballets del repertorio del Marinski. Aparte de sus años de trabajo en el cuidado de los clásicos dentro del Marinski, Serguéiev dominaba un método de notación coreográfica. Esto fue muy importante, pues ya la coreografía de Ivánov comenzaba a olvidarse. A finales de la década del veinte, Fiodor Lopukov había hecho una versión enteramente nueva de Cascanueces para el Kírov de Leningrado (antiguo Marinski). Y al mismo tiempo que Serguéiev ponía el Cascanueces de Ivánov en Londres, Vasili Vainonen estrenaba su nueva versión en el Kírov. En cuanto al Teatro Bolchoi de Moscú, desde muchos años antes, Alexander Gorski había realizado su propia versión, que a su vez fue sustituida más tarde por la de Vainonen.
Aunque yo ya conocía el pas de deux tal como había sido llevado a Londres por Serguéiev, indague y analicé todo lo que me fue posible, tratando de lograr la mayor exactitud coreográfica y pureza estilística de acuerdo con el original de Ivánov, y para ello conté con la ayuda inestimable de Alexandra Fedórova, quien había sido uno de los maestros más influyentes en mi formación. Fedórova, hermana política de Mijaíl Fokin, se había graduado muy a principios de siglo en la Escuela Imperial de San Petersburgo, y luego fue destacada solista en el Teatro Marinski, al que perteneció muchos años. Era, además, una persona de gran cultura balletística, y poseía una extraordinaria memoria coreográfica, lo cual le había permitido montar con éxito en 1928 la versión completa original de Ivánov para el Ballet de la Ópera de Riga, donde trabajó mucho tiempo; y en 1940, llevar esa versión al Ballet Ruso de Montecarlo, la que, como dije antes, interpreté en 1957.
Tuve ocasión de cotejar lo montado por Serguéiev, con la versión recordada por Fedórova, y encontré que, en lo que al pas de deux del segundo acto se refería, era esencialmente idéntico. Debe entenderse que interpretar una obra clásica con fidelidad coreográfica y estilística, no quiere decir bailarla exactamente igual que en la época de su estreno. La técnica y el comportamiento escénico no se mantienen estáticos, sino que evolucionan. La técnica se hace más perfecta y, desde el punto de vista expresivo, se va a una mayor sencillez, a una síntesis. El talento del artista se demostrará si es capaz de llegar al espectador de hoy, de corresponder a su psicología y cultura, sin traicionar la coreografía ni el estilo, en lo referente a lo más caracterizador y válido de estos elementos.
En la interpretación del pas de deux Cascanueces no debe olvidarse que, aunque es un pas de deux puramente académico, su espíritu y su riqueza de detalles lo hacen tener, dentro del estilo clásico, características distintas a otros pas de deux, como el del tercer acto de La bella durmiente del bosque , por ejemplo. Los personajes del pas de deux Cascanueces (en los países de habla inglesa, el papel femenino es calificado como The Sugar-Plum Fairy, y en Francia como La Fee Dragée), pertenecen a un mundo de fantasía. En esto coinciden con la Princesa Aurora y el Príncipe Desiré de La bella durmiente del bosque . Pero Aurora y Desiré son, dentro del cuento, dentro de la fantasía, personajes reales. Y como tales, su elegancia es más “cortesana”; la dinámica de sus movimientos más “humana”; la mecánica del academicismo se muestra un poco más consciente o acentuada. Aurora y Desiré buscan de una manera más evidente la línea y la elegancia, los ademanes nobles o aristocráticos. En tanto que, en Cascanueces , los personajes del Hada Garapiñada y su caballero son la quintaesencia de la fantasía: pertenecen a un imposible país de dulces y deslumbrantes confituras, concebidos en el sueño de una niña. Este mundo onírico se manifiesta de una manera fabulosamente exquisita, tanto como las ilusiones de la infancia son capaces de crear. Por eso, aun siendo un dúo clásico, en todo momento el baile expresa cierto romanticismo esplendente. Es como una dulzura con destellos, dentro de la sobriedad clásica. Por otra parte, en el pas de deux Cascanueces , el bailarín interpreta a un caballero que es una especie de militar de fantasía. Es un príncipe que, sin dejar de ser clásico, tiene cierto tono demicaractère. Eso lo expresa en cierta franqueza, cierto porte marcial en sus posturas, y en los acentos musicales de su baile, un poco más marcados o “cortantes”. La bailarina, que en este caso es un hada, dentro de la majestuosidad romántica, hace derroche de feminidad y modestia. Su baile debe ser ligero, aéreo, de gran delicadeza, con el acento muy marcadamente hacia arriba. Es una sensación parecida a la del ballet romántico, el segundo acto de Giselle , por ejemplo; pero ese efecto, logrado dentro de la forma específica en que se usa la técnica en lo clásico, dentro de este estilo, que es diferente de Giselle . No es fácil, desde luego, reunir una gama tan amplia de elementos en un pas de deux que impone además grandes exigencias técnicas. Estas diferencias que he señalado, ejemplificadas con la comparación de dos pas de deux, son de gran importancia. Se trata de matices, de distintos planos dentro de lo irreal, que permiten diferenciar estas obras a primera vista muy parecidas. En general, si no logramos matizar nuestro baile y nuestra interpretación, darle diferentes tonos y colores a una técnica cuya base es la misma, todo lo haríamos igual, no porque lo sea, como algunos pueden creer, sino porque una deficiente interpretación puede empobrecer el arte del ballet en esa forma.
Otro momento muy característico del ballet Cascanueces corresponde a la Escena de las Nieves. En ella el foco central está en otro importante pas de deux, que interpretan en el primer acto el Hada de las Nieves y su príncipe, dúo que exige un clasicismo extremo, pero con una proyección totalmente irreal, que transmita al espectador el sentido de lo efímero, propio de seres hechos de nieve, que pueden disolverse en cualquier instante. Por eso son impersonales y aéreos, lo cual los hace de muy difícil interpretación, razón que explica por qué este pas de deux es eliminado de muchas versiones. En esta escena, el corps de ballet debe tener, de igual manera, ese carácter efímero, consustancial a los copos de nieve. Todo esto diferencia la Escena de las Nieves —en cuanto a estilo y forma expresiva— de las tan características escenas de ballet blanco presentes con frecuencia en otras obras del gran repertorio clásico.
Selección de críticas
«El Cascanueces de la Alonso es luminoso, solar, muy colorido. Las luces, el color y la fábula son los elementos de este Cascanueces cubano que, desde el punto de vista coreográfico, confirma por qué en la danza clásica la escuela cubana es una de las mejores del mundo.» Roberto Lamantea. La nuova Venezia . Italia, 1999.
«[...] El Cascanueces cubano es un himno a los cánones estéticos del clasicismo y a la emotividad de la época del romanticismo tardío ruso.» Elsa Airoldi. Il Giornale . Italia, 1999.
«[...] Cascanueces es fulgurante al lograr una perfecta fusión del estilo original de Ivánov con la lógica dramaturgia que el público moderno exige.» Mariolina Giaretta. La nuova Venezia . Italia, 1999.
«La lectura coreográfica de la Alonso construida de una manera fresca y rigurosa, de acuerdo con la partitura musical, encontró en el joven cuerpo de baile de la compañía excelentes y entusiastas intérpretes.» Roberto Iovino. La Stampa . Genova, Italia, 1999.
«En su versión Alicia Alonso transmitió, con relación a la línea coreográfica y a las definiciones figurativas, una inteligencia “clásica” superior, respetando el estilo de Ivanov...» Claudio Tempo. El siglo XIX . Italia, 1999 |